Una elección necesaria

En mi anterior artículo “Ellos así lo quisieron”, sostuve que Cambiemos debía superar tres factores que lo podían volver frágil. En primer lugar, entendía que no haberle dado lugar a la interna con Martin Lousteau en la Ciudad de Buenos Aires, generaba una rispidez con parte de la UCR que podía extenderse a otras localidades. No resulta atractivo que en la cuna del PRO, como los es la CABA, Cambiemos no se consolide como coalición electoral. En segundo lugar, insistía que creerse el discurso de ser la primera fuerza política a nivel nacional, podía traerle problemas de ego que no dejen ver en que se están equivocando. Por último, sostenía que el haber adoptado una estrategia de polarización con Cristina Kirchner, nacionalizando la elección de Buenos Aires, podía ser un gran error. Una rápida mirada de los resultados diría que los tres factores han sido sobrepasados por Cambiemos, por lo tanto, podríamos creer que ha vencido su fragilidad. Es en este sentido que en las próximas líneas intentare desmenuzar que tan real resulta este pensamiento, y que tan buena ha sido la elección realizada por el gobierno.

Previo a este análisis, decidí indagar los datos sobre las elecciones legislativas que tuvieron que afrontar cada uno de los presidentes desde Raúl Alfonsín a Cristina Kirchner. Encontré lo siguiente:

Sin título

Del cuadro anterior se desprende que existieron tres ocasiones en donde la fuerza política que representa el presidente en ejercicio no logró sobreponerse en una elección legislativa. Alfonsín en 1987, Menem (en su segundo mandato) en 1997 y Fernando de la Rúa en el año 2001. (Es necesario tener presente que previo a la reforma de 1994, las elecciones legislativas se celebraban cada dos años y el periodo presidencial era de seis años). El dato clave que encontramos es que si solamente tenemos en cuenta la primera elección legislativa que afrontó cada uno, solamente Fernando de la Rúa salió derrotado.

Esta información es trascendente a la hora de analizar los resultados de las PASO como de la elección general que tendremos en octubre. Hay una tendencia a que el gobierno entrante lleve adelante una aceptable elección legislativa y gane a nivel nacional. No resulta llamativo que la primera vez que esto no sucedió fue en el año 2001, apenas dos meses antes del estallido social. Solo para tener en cuenta, en las otras dos ocasiones donde el partido del presidente salió derrotado en elecciones legislativas, fue en un contexto de crisis económica, en 1987, y de ciclo político acabado, en 1997 (las consecuencias económicas y políticas de ocho años de menemismo ya se hacían sentir). También resulta interesante recordar la elección del año 2009. El triunfo kirchnerista a nivel nacional fue acotado, en ese entonces, influyó en las urnas el reciente conflicto con el campo y la crisis económica mundial que estalló para finales del 2008. Con estas observaciones, podemos asegurar que cuando existe una estabilidad relativa de la situación económica, social y política, los oficialismos son acompañados en su primera elección legislativa.

Esta tendencia hacia al acompañamiento debe resultar una señal de atención para Cambiemos. El gobierno, más que una muy buena elección, hizo una elección necesaria. Es muy importante para Cambiemos el resultado debido a que le permite afianzarse como coalición de gobierno y dejar de ser una simple etiqueta electoral. La elección realizada, lo lleva a consolidarse como la coalición política y electoral de la centroderecha. Justamente en un momento donde en el mundo el eje izquierda – derecha para diferenciar partidos políticos parece inconveniente, aquí resulta apropiado. Todas las alianzas anteriores que se enfrentaron al kirchnerismo no lo habían hecho netamente desde esa posición. Ni el ARI en 2007, ni el Acuerdo Cívico y Social en 2009, mucho menos el Frente Progresista en 2011, y tampoco el Frente Progresista Cívico y Social en 2013 se instalaron en la misma posición político-ideológica que Cambiemos. Esta alianza ha logrado incomodar al kirchnerismo desde un lugar diferente, pero lo más importante es que “unieron y organizaron” a un electorado que estaba acéfalo y distribuido en varias ofertas. Este logro en algún momento puede terminar siendo una desventaja, a diferencia de los votantes peronistas/kirchneristas, es un electorado volátil y como consecuencia de esto, de ninguna manera el gobierno puede fiarse y confiarse por el resultado electoral obtenido.

Será más barato y sencillo lograr acuerdos parlamentarios, ya que se incrementará la cantidad de legisladores a partir de diciembre, también aumentará el respeto que los gobernadores podrán tenerle a Macri como líder político, pero el gobierno deberá enfrentar un nuevo desafío: consolidar su electorado y al mismo tiempo hacerle frente a lo que todavía no parecen haber resuelto, la situación económica. Ni en el 2015, ni hoy, el escenario se asemeja a una crisis. Más bien atravesamos un momento complejo con temas pendientes a resolver que dejo el agotado modelo económico kirchnerista. A su vez, el gobierno no parece encontrar respuestas concretas y el discurso de que presenciamos los primeros brotes verdes no tiene muchos fundamentos. Por momentos pareciera que el gobierno no tiene alternativas a su idea original de ajuste gradual para un posterior e hipotético bienestar promovido por inversiones genuinas. Créame, para la escuela neoliberal las medidas han sido graduales, mucho más de lo que hubiesen recomendado.

El gobierno sabe que sus medidas impactaron en los sectores populares y en parte de la clase media, pero también han tenido la capacidad para desligarse del costo de ellas mediante el discurso de la “pesada herencia”. Además, es una realidad que muchos sectores tenían cierta posibilidad de aguantar las consecuencias de esas medidas de ajuste, pero el mercado interno sufre las consecuencias. El consumo está estancado. El déficit fiscal no es bueno. Tampoco lo es reducir el gasto del estado de manera equivocada e ineficiente, ya que puede provocar una situación social compleja que como resultado final tendrá el éxodo de los volátiles votantes de Cambiemos, y que Cristina se consolide como principal opositora. Como explicaba, esta coalición tiene un alto componente de electorado inestable que previo a su aterrizaje en Cambiemos venía migrando en las diferentes alternativas, pero además, muchos siguen siendo atrapados por el famoso y conocido “voto bronca” o “voto anti k”. Es una estrategia y sirve, pero aumenta la fragilidad al interior de la coalición.

Esto de ninguna manera empaña al buen desempeño de Cambiemos en varias provincias. De la misma manera que el PRO logró desterrar a varios barones del conurbano, Cambiemos nos ha sorprendido tanto en Neuquén donde el Movimiento Popular Neuquino gobierna hace décadas, como en San Luis, donde los Rodríguez Saá han sido castigados por primera vez. La Pampa es otro triunfo significativo en donde se consolida la alianza, en la cual la UCR fue clave para los triunfos en Jujuy, Corrientes, Mendoza y Córdoba.

Otro factor de vulnerabilidad que afrontaba Cambiemos, era la elección en CABA. Insisto, aún con el resultado extremadamente bueno de Elisa Carrió, Cambiemos debería haber presentado la interna con Lousteau. Hubiese sido un paso más hacia la consolidación de la coalición de gobierno. Los resultados muestran que Carrió no hubiese tenido problemas en ganarle al ex ministro de economía. Ahora Macri y Rodríguez Larreta tendrán un doble desafío: controlar y contener a la figura de Carrió, exaltada por su gran desempeño electoral, y asegurarse que Lousteau no sea una alternativa nuevamente de cara al 2019. El electorado de Capital Federal se ha fidelizado para con el PRO en los últimos años, pero también tiene un alto porcentaje de volatilidad y eso permite que Lousteau no esté acabado. Por el otro lado, quienes han seguido la trayectoria política de Carrió, saben lo que le cuesta mantener sus alianzas si no se siente a gusto. También lo sabe el presidente. Ante eso, el desafío es inmenso.

Por último, sostuve que la estrategia de Cambiemos de nacionalizar la elección de la Provincia de Buenos Aires, confrontando y polarizando con Cristina Kirchner era peligrosa. El punto está en que ambos se necesitan. Ella, para consolidar su liderazgo opositor frente a los sectores que no terminan de aceptar otro tipo de propuesta. El, para asustar con el pasado reciente. Los dos, porque de esa manera le generan un tapón al peronismo en su intento de renovación. Cristina y sus allegados no quieren ser pasado, los nuevos padres fundadores del peronismo necesitan sus votos. Macri sabe que mientras divida, reinará tranquilo.

De todas maneras, polarizar con Cristina y el kirchnerismo sigue siendo una estrategia peligrosa para Cambiemos. Que Cristina saque casi el 35% de los votos después de 12 años de gestión, y con causas judiciales por doquier, es trascendente. Que en Santa Cruz, con el caos social y económico que se vive, el kirchnerismo mantenga activo a un tercio del electorado, es sorprendente. Que Agustín Rossi, ex jefe del bloque del FPV en la Cámara de Diputados pueda ganar en Santa Fe, es esperanzador para los que sueñan “con volver”. Triunfos en Formosa, Río Negro, Chubut y Tierra del Fuego se agregan y muestran que el kirchnerismo todavía no es pasado. Solo por cuenta propia mantiene 6 provincias.

Por lo tanto, teniendo un electorado volátil y un kirchnerismo que se repliega y no se da por vencido, seguir polarizando puede llevar a darle una herramienta al adversario. Es cierto, el peronismo parece decidido a que Cristina ya no sea una alternativa. Pero necesitan de sus votantes, de lo contrario seguirán siendo oposición. Cristina, o los suyos, no podrán aspirar a volver si no extiende acuerdos quebrados con los gobernadores peronistas. Encontrarse para ser una opción de gobierno tal vez les lleve tiempo, de la misma manera que llevo años generar una alternativa al kirchnerismo. Cambiemos debe cuidarse de no contribuir indirectamente a que eso suceda, un peronismo unido puede arrebatarle el mando en dos años. Que la avenida del medio desaparezca no significa que todos opten por ir a la derecha.

En conclusión, podemos sostener que el gobierno ha hecho una elección necesaria. Una elección necesaria para consolidar la gobernabilidad, para lograr acuerdos y para que los fantasmas de un posible incumplimiento del mandato se alejen. Una elección necesaria para consolidarse como una coalición de gobierno haciéndose más fuerte frente a la fragilidad en la que se encontraba semanas atrás. Pero sobre todo, una elección necesaria para estar tranquilos y atentos frente a los próximos desafíos que tendrá: controlar la volatilidad de sus votantes que se moverá de acuerdo a las medidas económicas que tomen; la lucha de egos interna de cara a 2019; y la reorganización del peronismo y el deseo kirchnerista de volver. La fragilidad de la que hablaba ha sido neutralizada por los resultados de las PASO, pero de ninguna manera controlada en su totalidad. De cada factor que volvía frágil a Cambiemos se ha desprendido uno nuevo, tal vez menos atemorizantes, por eso fue una elección necesaria.

 Facundo Blanco – Lic. En Ciencia Política, Universidad de Buenos Aires.

*Imagen extraída de http://www.eldoce.tv

 

Un comentario sobre “Una elección necesaria

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: